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Pedro Zavala, nuevo Pastor luterano.
"YO TUVE UN SUEÑO"
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"Mi sueño es robustecer la idea de una Iglesia solidaria, también de encontramos siempre con Jesucristo en su palabra, en la Biblia. Sueño con una Iglesia acogedora, que no desea ser excluyente, pero que beneficia a los marginados, a los excluidos, a los que han quedado a la orilla del camino y que no es más que la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que anuncia a Jesucristo; fraterna, amorosa, acogedora. Una Iglesia que en cada acción diacónica celebre y vive la fe, pero que también celebra los sacramentos”
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El domingo 2 de diciembre del 2007 fue un día muy especial para el teólogo luterano Pedro Zavala Merino. Ese día, en un acto muy emotivo para él, para su familia y su comunidad, fue ordenado Pastor de la Iglesia Evangélica Luterana de Chile (IELCH).
La historia del ahora Pastor Zavala se remonta a los años setenta cuando comienza a participar de la iglesia Luterana que “en aquella época de cambios sociales, políticos y culturales, se abría hacia los sectores populares pero en la acción diacónica y de servicio. Fueron entonces mis hermanas que participaban de la Escuela Dominical quienes me invitaban a la Iglesia”, nos cuenta el Pastor.
La Iglesia Luterana trabajaba con los más pobres mediante la mantención de un Jardín Infantil que ayudará a la comunidad. Allí las familias tienen su primer vínculo con la Iglesia y muchos de los niños que asisten al Jardín piden a sus padres participar de las actividades de la comunidad Luterana. En ese contexto muchas familias y la Familia Zavala Merino llegan a integrarse a la Iglesia.
El Pastor cuenta que su congregación era el Centro Luterano La Faena ubicado en Peñalolen, donde participa junto a cerca de 120 jóvenes. Era el comienzo de su compromiso religioso en la Iglesia Luterana.
En los años setenta, según relata, fue difícil para todo el mundo la llegada del régimen militar. El Pastor Zavala recuerda que en “mi sector, en que había mucha vida social y de compromiso durante el gobierno socialista de repente deben quedarse todos en la casa. En esos años habían tres espacios, legítimos, permitidos en realidad. Había un Cuerpo de Bomberos, pero yo no tengo alma de caballero de fuego. El otro, era un Club Deportivo y yo soy muy malo para la pelota. Y, el espacio que me quedaba y ahora con más ahínco, era la Iglesia y comencé con más fuerza a participar en esos años en ella”.
Lo que más valoró el Pastor Zavala, al comienzo de su compromiso cristiano, eran las acciones de servicio de su iglesia con los sectores más pobres. Recuerda que, aparte del Jardín Infantil, también se levantaron medias aguas, se realizaron ollas comunes “que duraron bastantes años atendieron a los niños y a las niñas del sector y también colaborando con ollas que se servían para las familias. Era un testimonio de esta comunidad evangélica luterana hacia nuestros vecinos y vecinas”.
Comienza a trabajar de lleno en la Congregación con acciones hacia quienes lo necesitan. Sin embargo, nos dice, “no esta en nuestras manos creernos exclusivos, como decir que nosotros somos los salvadores, que aquí vienen los jovencitos, no. Frente a una comunidad que se organiza, somos parte de esa comunidad que aporta lo suyo, junto a otras organizaciones”.
En los tiempos de la dictadura la Iglesia Evangélica Luterana de Chile, recuerda, también comienza a colaborar, junto a otras organizaciones, en beneficio de los familiares de los detenidos del régimen militar. Participan en el Comité Pro-paz, en la Vicaria de la Solidaridad y en la Fundación de Ayuda Social de Iglesias Cristianas, FASIC.
El Sueño hecho realidad
El Pastor Zavala recuerda que desde niño sintió que lo suyo era en el ámbito religioso. “Al terminar la enseñanza media opte por estudiar teología para poder servir a la iglesia con alguna responsabilidad”, nos dice.
Estudia, por lo mismo, en los años ochenta, en la Facultad Evangélica de Teología ubicada en el sector del Parque O,Higgins. Allí se prepara para servir a la Iglesia Evangélica Luterana de Chile. En los noventa realizó un Postgrado en Teología en Brasil, en San Leopoldo. Allí, recuerda, “tuve nuevas experiencias académicas, pastorales, también sociales y políticas. Fue un crecimiento como persona y también con el compromiso pastoral. Fue una época muy linda”. Sus estudios, unidos al compromiso con la Iglesia son la antesala de las nuevas responsabilidades a la que será llamado.
Su ordenación como Pastor fue, el primer domingo de adviento, el 2 de diciembre. En una ceremonia solemne, realizada en la Iglesia del Buen Samaritano, ubicada en la comuna de Peñalolen, junto a su familia y su comunidad.
El Pastor Zavala nos dice, sobre su ordenación, que “es la Iglesia la que llama, no es que yo me sugiero o solicitó o voy escalando para lograr aquello. Es la Iglesia quien convoca. Es la iglesia, a través de la presidencia, radicada en la persona de la Pastora Gloria Rojas. Es ella quien impone las manos sobre mí, luego de hacerme las preguntas de rigor y las promesas que en consecuencia se hace frente a la comunidad toda y frente a Dios. Allí el Pastor es llamado para anunciar, predicar y testimoniar la gracias de la misericordia de Dios en el servicio a toda la comunidad y en particular a quienes lo requieran que son los excluidos, los pobres, los marginados, en particular, sin ser excluyente. Es una Iglesia al servicio de aquellos y de aquellas también”.
El Pastor Orlando Molina, quien reside en Finlandia, de origen venezolano, le escribió al Pastor Zavala una carta muy emotiva como consecuencia de la buena noticia. En la misiva el Pastor Molina le dice que él siempre acaricio un sueño de que Zavala fuese Pastor. “Me recordaba, en la carta, que me vio actuar, y hace referencia a una obra de teatro donde yo hice el papel de Pastor evangélico y él me cuenta que frente a esa puesta en escena el acaricia un sueño de que Dios permitiese que algún día yo fuese pastor ordenado de la congregación y eso me emocionó”.
La ordenación como Pastor fue muy conmovedora para el teólogo Pedro Zavala. “Yo quería aguantarme las lágrimas, pero no pude; al escuchar las palabras de la ordenación y escucharme a mí haciendo las promesas solemnes frente a la comunidad”, nos relata.
Mi sueño -termina el nuevo pastor- “es robustecer la idea de una Iglesia solidaria, también de encontramos siempre con Jesucristo en su palabra, en la Biblia. Sueño con una Iglesia acogedora, que no desea ser excluyente, pero que beneficia a los marginados, a los excluidos, a los que han quedado a la orilla del camino y que no es más que la Iglesia de Jesucristo. Una Iglesia que anuncia a Jesucristo; fraterna, amorosa, acogedora. Una Iglesia que en cada acción diacónica celebre y vive la fe, pero que también celebra los sacramentos”.
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¿Quién soy yo?
Yo soy Pedro Isidoro, hijo de Pedro Zavala y de Fresia Merino. Mi padre, hoy jubilado, desde joven fue un obrero. Y fue en una fábrica en donde ellos se conocieron y luego dejaron que el amor surgiera entre ellos. Llenos de sueños se enamoraron y decidieron en respeto fundar una familia, seis hijos coronaron este matrimonio de obreros.
Mi padre hoy jubilado, junto a mi madre, siguen pariendo. Siguen pariendo el mismo sueño que los unió, seguir siendo familia y que su casa en la Población La Faena, siga siendo la casa de todos sus hijos y ahora, también, de todos sus nietos.
Yo soy, el primogénito, soy el mayor y mis hermanas muy queridas son Roxana, Ana María, Cristina y Fresia. Y mi muy querido hermano Roberto, mi compañero de viajes intergalácticos y de aventuras en la jungla y de los infinitos y fantásticos juegos que se desarrollaban en el gran patio en donde vivíamos. Mi hermano ya no está con nosotros, pues en un accidente de tránsito perdió la vida, pero con nosotros están sus hermosas e inteligentes hijas y su viuda, una diligente madre, nuestra muy querida cuñada.
Yo soy un privilegiado, construí casas en los árboles y también coseché ricas ciruelas y uvas dulces de varios colores. En la acequia que cruzaba el gran sitio, arme mil batallas navales y los palitos de helados se convertían en veloces botes y barcos. Nunca me picaron las abejas de los panales, uff, a mi hermano, unas cuantas veces. Jugué sin temor y sin peligro. En la calle de infancia jugamos muchas pichangas .
De Nuñoa nos fuimos a lo nuestro a un sitio en la Población La Faena. Ahí mi papá junto a mi madre levantaron nuestra casa: una mediagua. Yo seguí en la misma escuela, estudiaba y jugaba con los mismo amigos.
Todos estudiábamos, "estudien, esfuércense, los estudios les abrirán puertas", consigna de mi padre para animar y acicatear a sus hijos e hijas. La mesa del comedor era disputada para hacer las tareas. No se podía salir a ver a los amigos y amigas no sin antes haber hecho las tareas.
Fueron mis hermanas que participaban de la Escuela Dominical quienes me invitaban a la Iglesia. Y en ella, los jóvenes me acogieron, eran los comienzos de los 70. Tuve nuevos amigos y amigas.
En 1973 confirmaba mi fe cristiana en la Iglesia Evangélica Luterana. A los quince años prediqué por primera vez, llegaba al púlpito con temor y temblor. Desde aquellos mozos años he predicado muchas veces, muchísimas veces, pero siempre llego al púlpito igual que la primera vez, con temor y temblor. No es para menos, se trata de anunciar la Palabra de Dios que es Evangelio.
Y el transcurso del tiempo permitió ir dejando también la juventud. Y con el tiempo y la madurez que dan los años y las experiencias de vida he ido aprendiendo y recibiendo de tantos y tantas personas. Fui tomando conciencia de ser un obrero, un obrero de la Palabra, de la Palabra de Dios, un Trabajador y Animador de la Comunidad.
Yendo en un bus, hace ya muchos años, hacia la Comunidad La Esperanza, me encontré en medio de trabajadores y trabajadoras que volvían de sus trabajos a sus hogares. Ellos venían de sus agotadores trabajos y yo recién iba a mi trabajo. Iba a trabajar a la Iglesia, a la Comunidad. Me pregunte ¿en que me puedo igualar a mis compañeros y compañeras de viaje?. Me respondí: También soy un trabajador, soy igual a ellos. Yo soy un Obrero de la Palabra. Ellos construyen casas, edificios y palacios. Yo ayudo junto a muchos otros y otras a construir Iglesia-Comunidad. Sí, soy un Obrero de la Palabra de Dios.
Se me concedió el poder estudiar teología, situación que siempre he considerado un gran privilegio. Y aún, sigo estudiando. Tengo por maestros y maestras a muchas hermanas mujeres y muchos hombres que me han educado con sus testimonios de vida y compromiso de gran fe. De ellos y ellas sigo aprendiendo.
Soy hijo, hermano, esposo, cuñado, papá, tío. Soy parte de una linda familia, y con Carmen, mi esposa, hemos construido nuestro hogar, tenemos una linda casa (restan otros diez años para pagar el crédito hipotecario, Dios nos conceda vida, salud y trabajo para poder cumplir con el sueño de la casa propia). Ahí, en Peñalolen esta nuestro hogar, ahí vivimos y hacemos familia, Carmen, mujer ejemplar y luchadora. y nuestros hijos, Catalina, una linda mujer de mucha energía y de muchos sueños como su madre, ya casi una psicóloga, y nuestro querido hijo Diego, un hombre soñador.
Yo soy un Obrero de la Palabra de Dios. Soy, sólo por gracia, un Predicador de la Buena Nueva de Jesucristo.
Para servirle,
Pedro Zavala Merino
Pastor de la Iglesia Evangélica Luterana de Chile (IELCH).
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Comunicaciones FASIC
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