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Martes, 10 de Julio de 2007




Mujer destacada.
LILI FERNÁNDEZ: “ME GUSTARÍA SER RECORDADA COMO UNA MAESTRA CONSECUENTE”.

Educadora de tomo y lomo, tiene a su haber un largo prontuario vinculado al voluntariado y es una escritora en potencia. Una mujer intensa, muy sabia y por sobre todo con mucho sentido social.

Hablar de Lili Fernández es hablar de una Mujer apasionada, luchadora y con mucha vocación social. Aymara, nacida en Putre y una de las docentes más destacadas del norte Chileno. Fue profesora guía en la Escuelas de Aplicación del Pedagógico, cofundadora del Instituto Comercial de Osorno, cuatro años estuvo como voluntaria en el SERPAJ- a cargo de las relaciones ecuménicas y dos veces la CONADI la ha premiado como coautora de la Ley Indígena por los Aymaras.

Un currículum bastante abultado y potente si consideramos las dificultades a las que se vio enfrentada desde pequeña por su descendenciaindígena, “debía soportar mofas por mi aspecto: cara y manos cuarteadas por el intenso frío cordillerano”, recuerda Lili. Esto no la detuvo para sobresalir por sobre sus compañeros, tanto en enseñanza básica y media, cursadas en Arica, destacó por su excelencia académica, logró segundo puntaje nacional para cursar estudios universitarios y estudió pedagogía en la Universidad de Santiago (USACH).

A esto le agregamos que obtuvo un post título de Consejera Educacional y Orientadora Escolar. Un Magíster en Educación Curriculista y un Diplomado en Liderazgo Emprendedor. Así y todo nunca aceptó trabajar en colegios particulares pese de haber recibido interesantes ofertas, “mi vocación es ayudar al desvalido, al desamparado, apoyada en una sólida formación cristiana”, sentencia Lili.

Le surgió una oferta menos interesante en lo económico, pero trascendente en lo social, tomó sus maletas rumbo a Pachica, (al interior de Iquique ) y fundó el primer colegio técnico aymara en el altiplano chileno, logró que el entonces Ministro de Educación, Ricardo Lagos, viajara al pueblo para inaugurarlo. El establecimiento sigue funcionando con un modelo único en el país, donde el contexto aymara prima en todas las materias.

Hoy, ya jubilada, está dedicada a la narrativa y a la ayuda voluntaria a migrantes en Arica. Mediante sus escritos expresa la realidad indígena y sus deseos por ser entendidos y respetados. Le gustaría que sus textos, con los cuales se ha adjudicado importantes premios, pudiesen encontrase en los libros escolares.

“Pienso que si los no indígenas conocieran nuestra cultura, los pueblos originarios serían más valorados, comprendidos, respetados y mejoraría la convivencia nacional, especialmente la relación con los hermanos mapuches.”

Esos deseos también se expresan en la lucha que Lili hace a diario, desde 7 años como voluntaria de FASIC en el tema de migraciones. Según ella misma describe “es un trabajo intenso y desgastador porque a veces se tropieza en una legislación inflexible”.

Aunque reconoce que se han generado avances considera que “se debe agilizar la legislación, la burocracia los envuelve (migrantes) agudizando el dolor y la necesidad que ya traen.”

Esta necesidad de ayudar nace raíz del apoyo que le brindaron a ella y su familia cuando estuvo exiliada en Cuba, donde le dieron un departamento equipado, protección y mucha solidaridad.

Su vocación, la política y la familia.

Poco tiempo después de haber egresado, Lili fue trasladada al sur del país, allí encontró el amor y la llegada de su primer hijo. En Buenos Aires a donde se fueron becados por la Iglesia Metodista recibieron a su segundo retoño, muy pronto se trasladaron a Arica.

En el norte del país se unieron tres miembros más a la familia. Junto a su esposo trabajaron en la Universidad del Norte y Liceo Politécnico, fue allí donde les sorprendió el golpe de estado.

Su marido, quien era dirigente comunista debió huir al Perú, por Tacna, con destino final Cuba. Lili quedó sola con los 5 hijos, la menor de 9 meses y la mayor de 14 años. Trabajaba en Arica, pero muy hostilizada por frecuentes allanamientos.

Sufrió la muerte de su padre en 1973, dos hermanos presos, uno en Ritoque, dos salieron a Europa y nunca más volvieron.

Con este panorama, Lili fue exonerada y decidió emigrar a Cuba. Allí permaneció sólo por un tiempo, regresó al país con sus 5 hijos y un matrimonio fracasado. Recibió apoyo de organismos de Derechos Humanos. Fue así que se

incorporó a la lucha clandestina por recuperar la democracia perteneciendo al movimiento "Sebastián Acevedo".

Fue durante la dictadura militar que se despertó el bichito de la política, nunca había militado en ningún partido político, pero en el año 1992 cuando postulaba a la alcaldía por Putre, le ofrecieron la dirección del proyecto “Extensión Metodista al Niño Andino”, (EMANA). Uno de los pasos importante para Lili, pues “esta era una de las respuestas que los dirigentes aymaras habíamos pedido tanto, reconociendo que una educación buena y pertinente era una palanca de desarrollo para la juventud aymara tan postergada y discriminada”, señala.

Pese a que era Jefa de Hogar y trabajaba en tres lugares distintos a la vez, logró educar a sus hijos, hoy todos profesionales.

A Lili le gustaría ser recordada como maestra consecuente con su pueblo y sus valores. “como una maestra que trabajó por dignificar a los postergados, a los humildes, a los desplazados, a los que tratan de sobrevivir en esta sociedad tan materialista, indiferente y personalista.”

Comunicaciones FASIC