Los Hornos de Lonquén

El régimen no entregó los cuerpos. Los estuvimos esperando para el rito funerario en la iglesia Recoleta Franciscana, cuando anunciaron que se habían arrojado a la fosa común.

Por José Aldunate

Conocí los dos hornos de Lonquén antes de que una mano cómplice dinamitara a esos dos testigos de la horrenda matanza. Estaban en un agreste escenario, al pie del volcán Lonquén, no lejos de Isla de Maipo. Un ingeniero agrónomo los había descubierto hacia fines de 1978, repletos de quince cuerpos masacrados. Denunció el hallazgo a un sacerdote. La Vicaría de la Solidaridad formó un equipo de rescate que, en presencia de testigos de autoridad, extrajeron quince cadáveres de las fauces de los hornos. Eran campesinos de la zona, partícipes de la reforma agraria, detenidos y cruentamente eliminados por carabineros con el apoyo de los antiguos propietarios.

El descubrimiento resonó como bomba. Los “desaparecidos”, buscados desesperadamente por sus familiares, estaban en realidad muertos, asesinados por mandato del régimen. La misma iglesia interpeló finalmente con el mandato “no matarás” (declaración de noviembre de 1978).

Hubo una nueva crueldad para esas pobres familias campesinas. El régimen no entregó los cuerpos. Los estuvimos esperando para el rito funerario en la iglesia Recoleta Franciscana, cuando anunciaron que se habían arrojado a la fosa común en el cementerio de Isla de Maipo. Este tipo de atropello de los derechos humanos: orgías colectivas de crueldad y de sangre, se reprodujeron en otros cuarteles de Carabineros, como los de Laja y Temuco, y han de ser un tema de preocupación. Abusar de la fuerza es una tentación corriente de las policías, pero en estas ocasiones excedió todos los límites.

Para Carabineros, los hornos de Lonquén constituyen una memoria muy dolorosa y humillante. Ellos, siendo policías, quedaron implicados no sólo en crímenes, sino en su ocultación. Y advertimos que semejante abuso fue reproducido en no pocos lugares, como los ya mencionados Laja y Temuco, y también en Iquique, contra sacerdotes. Es la tentación de abusar del poder.

El 10 de diciembre fue el Día Universal de los Derechos Humanos. Oportuno fue que la Presidenta Michelle Bachelet escogiera los hornos de Lonquén para conmemorar esta fecha.

Artículo publicado en el Diario La Nación/ 8 de enero 2010