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Martes, 18 de Diciembre de 2007




Cuando la vida la marca un papel

Los papeles no hacen mejor la vida. Lo que sí sabemos es que somos las personas, los seres humanos, los que amargamos o alegramos la vida, especialmente, de los que llegan con esperanzas de vivir la humanidad anunciada y tan anhelada en las bienaventuranzas.

La vida de cada una y uno, desde el principio, la marca para toda la vida un papel. Así es, pero el papel toma sentido cuando iniciamos el reconocimiento como personas. Sin un certificado de nacimiento no somos nada y a nada tenemos acceso. Sin un papel de identidad que identifique la nacionalidad, no somos nada dentro y menos fuera del país. A medida que crecemos estos papeles van teniendo mayor relevancia en nuestras vidas, sobre todo si queremos buscar nuevos horizontes exigidos por una cruda y angustiosa realidad o simplemente porque queremos aventurar.

Nuestro trabajo tiene que ver con aquellas personas que cruzan la frontera porque vienen escapando de la pobreza y hambruna de sus países. Vienen cargando el hambre con sueños, esperanzas no solo para ellos y ellas, sino también para los que quedan en sus tierras desangradas por el abandono y la miseria.

Son cientos de historias con rostros que se confunden, y la mayoría cruzadas por una misma necesidad: los papeles.

Los papeles para estar tranquilo, dicen.

Los papeles para no estar siempre escondidos.

Los papeles para poder cobrar nuestro salario.

Los papeles para poder reclamar de tanto abuso.

Los papeles para poder entrar y salir libremente.

Los papeles para no alimentar al burrero.

Los papeles para no coimar al timbrero de papeles.

Los papeles para quedarse e irse si uno quiere.

Los papeles para ser persona en esta tierra lejana.

Los papeles para trabajar tranquilos, siguen diciendo.

¿Pero que dicen los que ofrecen la posibilidad de obtener los papeles?

Dicen, para ser “legales”.

Dicen, para acceder a mayores beneficios.

Dicen, para recibir tratos y contratos justos.

Dicen, para lograr una mayor integración.

Dicen, para regular el trabajo.

Dicen, para terminar con la corrupción.

Dicen, para permitir el libre tránsito.

Dicen, para tener un mejor control

Dicen, para hermanar las naciones, siguen diciendo.

¿Pero que dicen los que logran tener, por fin, los papeles?

Dicen, que todo sigue igual.

Entonces…

Los papeles no hacen mejor la vida. Lo que sí sabemos es que somos las personas, los seres humanos, los que amargamos o alegramos la vida, especialmente, de los que llegan con esperanzas de vivir la humanidad anunciada y tan anhelada en las bienaventuranzas.

Por Juan Salazar Fernández, Programa de Migraciones y Refugio de FASIC.