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Homenaje a Monseñor Oscar RomeroEste 24 de marzo se cumplieron 30 años de la muerte de Monseñor Oscar Romero. Alrededor del mundo, y especialmente en El Salvador, se realizaron diversas actividades de conmemoración en su homenaje. Dentro de ellas, el pasado 4 de marzo, En Santiago, en la Iglesia Latinoamericana, se realizaron también actividades en homenaje al sacerdote las que culminaron con una eucaristía donde se renovó el compromiso de seguir el camino de Monseñor Oscar Romero.
En conmemoración del 30° Aniversario del martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, cientos de feligreses, salvadoreños y extranjeros, participaron en la peregrinación y vigilia en los alrededores de Catedral Metropolitana, en cuya cripta, yacen los restos del Arzobispo mártir. Y por primera vez, en 30 años, participó un Presidente de la República, pues el Presidente Mauricio Funes y la Primera Dama de la Nación, recorrieron un tramo de dicha peregrinación. Foto Diario Co Latino/Wilton Castillo.La justicia y los Derechos Humanos en el pensamiento de Monseñor Óscar Arnulfo RomeroEspecial del Diario Colatino del Salvador en Homenaje Romero- PDF 24 de Marzo a 30 años. ************************************** Especial Romero: Iglesia.Cl
***************************************** Un Apóstol de los Derechos Humanos (PDF)De Roberto Cuellar - IIDH **********************************Treinta años del asesinato de monseñor Romero, arzobispo de San SalvadorSu proceso de beatificación se encuentra en la fase romanaPor Gilberto Hernández García
SAN SALVADOR, domingo, 14 de marzo de 2010 (ZENIT.org-El Observador).- Este 24 de marzo se cumplen 30 años de aquel fatídico día en que la vida de monseñor Oscar Arnulfo Romero, entonces arzobispo de San Salvador, fuera segada en el altar, mientras celebraba
Conversión y esperanza
El 15 de agosto del año pasado (fecha del cumpleaños número 92 de monseñor Romero), "Celebrar a monseñor Romero es traer al presente sus llamados a la trascendencia, al rechazo a los nuevos ídolos que acechan a la sociedad actual, a asumir nuestra fe con una profunda dimensión histórica y a ver en los nuevos y antiguos rostros de la exclusión, el rostro de Dios", ha consignado Al lado de las víctimas El cardenal Roger Etchegaray, presidente emérito del Consejo para "Lo mataron en una sociedad que se precipitaba confusamente en la guerra civil, porque durante mucho tiempo se había eludido el reclamo por la justicia y al final, tanto una parte como la otra, sólo veían la solución de las armas". Y añade: "Después de haber dedicado toda su vida al servicio de Dios, Romero vino a ser un profeta de justicia y de paz. Sus homilías, transmitidas por la radio, eran seguidas por todo el país, por amigos y adversarios. Porque Romero decía la verdad... porque era una voz humana, religiosa, fraterna, para decirlo mejor [...] consideró que era su deber hablar alto y fuerte a favor de la paz, de la justicia, de la reconciliación". En tanto, monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Narni (Italia), postulador de la causa de beatificación del obispo salvadoreño, decía hace dos años en L'Osservatore Romano: "Romero fue víctima de la polarización política, que no dejaba espacio a la caridad y a que ejerciera como pastor. Fue contrario tanto a la violencia del gobierno militar como a la de la guerrilla y vivió como pastor el drama de su rebaño". En el mismo diario vaticano, el prelado añadía: "más allá de lo que se dice, (Romero) contó con la solidaridad de dos pontífices (Pablo VI y Juan Pablo II), como lo documenta el diario del mismo Romero. Eso constituye un punto firme para el proceso de beatificación"; además señalaba que "el mismo Juan Pablo II ha reconocido públicamente su figura, cuando visitó su tumba en circunstancias dramáticas y también cuando lo citó entre los mártires del siglo XX y oró por el 'inolvidable monseñor Oscar Romero, asesinado en el altar'". Se instaura el Día de monseñor Romero En el marco del trigésimo aniversario del asesinato, La causa de beatificación de Oscar Arnulfo Romero, cuyos restos yacen en la catedral metropolitana de la capital salvadoreña, inició su proceso diocesano en 1994 y se terminó en 1996. El proceso fue presentado a la fase vaticana ese mismo año y en 1997 se recibió de Roma el decreto por medio del cual se aceptaba la causa como válida, debido a que todos los pasos dados en el proceso diocesano están hechos de acuerdo a las normas establecidas. Monseñor Romero, elevado al altar por los salvadoreños que evocan su mensaje
"Monseñor nos representa a nosotros", declaró a Efe el catedrático salvadoreño Dagoberto Gutiérrez, para quien "los santos del pueblo son los santos" y ésta "es una elevación inevitable". Los devotos del llamado "Santo de América" lo visitan en su tumba y le piden milagros, aunque en El Salvador actual los favores están referidos a la situación económica, un trabajo o protección ante la delincuencia, y no a los de un país que en 1980 estaba a las puertas de una guerra civil que duró 12 años y se cobró unas 75.000 vidas. "Siempre defendió a su pueblo", recordó Alonso Huezo, de 74 años, mientras hablaba a un grupo de personas sobre la vida de Romero en la cripta de la catedral, adonde llega cada semana para orar ante la tumba del prelado asesinado. Romero fue investido arzobispo en 1977 y durante su apostolado fue conocido como la "voz de los sin voz", por su mensaje teológico y sus constantes llamadas a la cordura en aquellos convulsos años previos a la confrontación salvadoreña (1980-1992). El magnicidio ocurrió en los albores de este conflicto, un momento en que la organización popular se intensificaba y las fuerzas estatales, de corte militar, la contrarrestaban con balas. "Lloraba a la par de las personas y reaccionaba tomando actitudes de defensa para esa gente", indicó Huezo, y confesó que en varias ocasiones presenció cómo había feligreses que llegaban hasta Romero buscando consuelo por el asesinato o desaparición de un familiar. Pese a que describió al religioso como "un hombre tranquilo y de un hablar pausado", recordó la potencia de sus homilías. "Monseñor Romero ya no era monseñor Romero, estaba elevado", relató sobre los últimos meses del jerarca. En esta percepción coincidió monseñor Ricardo Urioste, presidente de la Fundación Romero, que destacó su "valentía". "Monseñor Romero se puede decir que hasta era un hombre tímido. Cuando estaba en un grupo informal, él casi no hablaba, no decía nada, pero cuando llegaba al púlpito, él se transformaba, como que el Espíritu Santo tomaba posesión de él y lo hacía hablar como hablaba; era un hombre transformado en ese momento", relató. Un día antes de ser atacado por un pistolero mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer reclamó el fin de las muertes. "Quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejercito y, en concreto, a las bases de la guardia nacional, de la Policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar", afirmó el entonces arzobispo el 23 de marzo de 1980. En esa intervención también advirtió sobre una "especie de sociedad anónima en que nadie se quiere echar la culpa y todos son responsables", y, sin tapujos, indicó: "Todos somos pecadores y todos hemos puesto nuestro grano de arena en esta mole de crímenes y de violencia en nuestra patria". Huezo, un contable retirado, destacó que "el pastor de América, el Santo de América, dormía en una cama de aproximadamente 80 centímetros de ancho", y que "nunca tuvo nada para él". "Monseñor Romero es el más grande de todos los salvadoreños, no hay nadie que se le pueda comparar", dijo por su parte a Efe Rafael Nieto, quien atiende un bar en San Salvador y tenía 13 años cuando se enteró del asesinato de Romero, el 24 de marzo de 1980. Una vez a la semana, Nieto desvía su trayecto en autobús desde Mejicanos, municipio en el norte de la capital, para visitar la tumba de Romero. Se quejó de que "al viejo" -como lo nombra con afecto- lo visitan "más extranjeros" que salvadoreños, por lo que consideró importante que en especial los jóvenes conozcan su mensaje para que la historia de la guerra "no se repita" en El Salvador. "El culto que el pueblo cristiano le está dando a monseñor Romero es parte de esa resurrección en la que creemos los cristianos, él es parte de esas personas que generan vida entre nosotros, generan resistencia entre el mal y deseo profundo de la búsqueda del bien", destacó el jesuita José María Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana (UCA). Tojeira recordó las palabras de Ignacio Ellacuría, el rector de la UCA asesinado por militares en 1989 y quien cargó el ataúd del arzobispo en su funeral, y dijo que con "Romero, Dios se hizo presente en El Salvador, Dios pasó por El Salvador".
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